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El Papa León XIV llama a preservar las voces y rostros humanos frente a la inteligencia artificial

  • Categoría de la entrada:Inteligencia Artificial
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En su mensaje para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, alerta del riesgo de deshumanizar la comunicación y llama a una alianza ética frente a la inteligencia artificial

No oculta el pontífice su preocupación sobre los riesgos de una tecnología digital y una inteligencia artificial fuera del control ético y moral. En sus primeras palabras, al inicio de su pontificado, habló de los cambios que este paradigma tecnológico supone en nuestras sociedades y su impacto en el trabajo, en la política y en las relaciones humanas. Como ya León XIII hiciera con la primera revolución industrial, este Papa ha puesto el foco en estas “cosas nuevas” que iluminar desde la Doctrina Social de la Iglesia.

En este sentido, su primer mensaje para las Jornadas de las Comunicaciones Sociales, publicado este fin de semana, es una advertencia y un llamamiento ─frente a la “lógica del algoritmo y la simulación”─, para custodiar los rostros y las voces humanas. Porque en los últimos años, dice el texto, “los sistemas de inteligencia artificial están asumiendo cada vez más el control de la producción de textos, música y vídeos. Gran parte de la industria creativa humana corre así el riesgo de ser desmantelada y sustituida por la etiqueta Powered by AI, convirtiendo a las personas en meros consumidores pasivos de pensamientos no pensados, de productos anónimos, sin autoría, sin amor”. De este modo, añade, “mientras que las obras maestras del genio humano en el campo de la música, el arte y la literatura se reducen a un mero campo de entrenamiento para las máquinas”.

“La cuestión que nos importa, continúa el documento, no es lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio”. Porque, aunque desde siempre el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal, “renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz”

León XIV insiste en que el debate sobre esta inteligencia artificial es profundamente humano. No es un mero desafío tecnológico, sino “antropológico”, porque los sistemas de IA, al simular voces, rostros, emociones o relaciones, “invaden el nivel más profundo de la comunicación, el del vínculo entre personas humanas”. Una dinámica que “no solo altera los ecosistemas informativos, sino que puede afectar a la manera en que las personas se relacionan, piensan y se comprenden a sí mismas. Por ello, llama a custodiar los signos más elementales de la comunicación humana como una forma de custodiar la propia humanidad”

El mensaje denuncia también el impacto de algoritmos diseñados para maximizar la participación en redes sociales, que “premian emociones rápidas y penalizan expresiones humanas que requieren tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión”. Estas dinámicas, advierte el Papa, “debilitan la capacidad de escucha, erosionan el pensamiento crítico y aumentan la polarización social”.

En este sentido, se dirige también a las agencias de noticias y los medios de comunicación a los que llama a evitar “que los algoritmos orientados a ganar a toda costa la batalla por unos segundos más de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a sus valores profesionales, orientados a la búsqueda de la verdad”, porque “la confianza del público se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación”.

Por eso, insta a que los contenidos generados o manipulados por la IA, dice, se señalen y distingan claramente de los contenidos creados por personas. “Debe protegerse la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas y otros creadores de contenidos. La información es un bien público. Un servicio público constructivo y significativo no se basa en la opacidad, sino en la transparencia de las fuentes, la inclusión de las partes implicadas y un alto nivel de calidad”.

Para finalizar, el mensaje apunta también a la educación, que debe estar orientada a “aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; a evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; a comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; y a permitir a nuestras familias,comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable”. Una tarea que deben asumir no solo los sistemas educativos, sino en el ámbito de las “personas mayores y a los miembros marginados de la sociedad, que a menudo se sienten excluidos e impotentes ante los rápidos cambios tecnológicos”.

Porque, concluye, “custodiar el don de la comunicación es custodiar la verdad más profunda del hombre”.