Iniciamos el segundo cuarto del siglo XXI tras haber consumido sus 25 primeros años. Un cuarto de siglo en el que se han removido los paradigmas que nos han guiado durante décadas en Occidente, como el imperio de la ley. El modelo democrático, con sus virtudes y sus imperfecciones, ha entrado en crisis -algunos dicen que es una liquidación final del modelo porque no hay vuelta atrás- y parece que se discurre hacia otra forma de organizar lo político.
Desde la Fundación Pablo VI venimos analizando en estos años como el déficit de credibilidad en este modelo de participación democrática está en íntima conexión con un progresivo y creciente malestar ante las consecuencias de la situación económica, política, social cada vez más inestable en todo el planeta. En la percepción social se ha instalado una distancia, descreimiento e, incluso, desconfianza de los propios valores democráticos favoreciéndose -especialmente por el nuevo núcleo de infraestructura informativa- el barullo, los bulos y la estridencia como principales ejes de los discursos y mensajes políticos que se configuran como esenciales en detrimento de las verdaderas demandas y necesidades reales de la sociedad. En el imaginario de la ciudadanía se está consolidando la idea de que el Estado social y democrático de Derecho, especialmente exitoso en el siglo pasado en el ámbito europeo, ha dejado de orientarse hacia la búsqueda del bienestar común. En paralelo, y ante la insatisfacción en las necesidades más básicas, como por ejemplo la situación de la vivienda, o la tensión que genera la cuestión de la inmigración, los ciudadanos, fundamentalmente los más jóvenes, han dejado de poner el foco en los derechos fundamentales y las libertades públicas como eje fundamental de los Estados democráticos. Dicho de otro modo, la frustración de las expectativas socioeconómicas ha puesto en cuestión el principio de representación en las organizaciones políticas y terminan cuestionando su actual configuración como ineficiente para dar respuesta al descontento social.
¿Hacia dónde transitan, pues, las democracias de Occidente? ¿Qué opciones se plantean? ¿Estamos ante una crisis de la representación derivada, entre otras, de las nuevas tecnologías y la desinformación? ¿Los ‘felices años veinte’ que se están viviendo tras la salida de la pandemia pueden tener una deriva similar a la que tuvieron en el siglo pasado ante el auge de los nuevos populismos en el mundo? ¿Qué supone el definitivo declive de los partidos moderados en el espectro político de la izquierda y la derecha? Estas serán algunas de las preguntas que repetidamente nos haremos en la Fundación Pablo VI a lo largo de este año 2026 a través de sus diversos formatos en el seno de su think tank. Y, en este sentido, retomamos nuestras actividades este mes de enero, con algunos diálogos entre los que merecen citarse el que se llevará a cabo, el martes 13 de enero, entre los catedráticos de economía Carlos Rodríguez Braun y Luis Ayala, dentro del ciclo que esta institución quiere dedicar al recientemente nominado doctor de la Iglesia Católica, el cardenal John Henry Newman; y el que protagonizarán, el próximo martes 20 de enero, en el Foro de Encuentros Interdisciplinares, Mons. Luis Argüello y Cayetana Alvarez de Toledo. Será el punto de partida de un año en el que queremos dar respuesta a estas y otras muchas cuestiones, desde el diálogo, siempre fecundo, de la Iglesia con la sociedad; y desde la mirada al mundo con la Doctrina Social de la Iglesia.




